Hace
un par de días, al terminar una clase de biología, a raíz de los cromosomas y
genes que estábamos estudiando, surgió un pequeño debate entre algunos de
nosotros, referente a la modificación genética humana.
Hoy
en día, vas al supermercado y ya casi nada es como era. “No, yo solo consumo
alimentos naturales…” Pero, ¿qué me dirías si te demostrara, que incluso los
tomates que compras (supuestamente naturales), han sido modificados
genéticamente para ser más rojos, más grandes y más apetecibles? De hecho, recientemente
“se han creado” las primeras vacas transgénicas con un gen modificado que les
hace inmunes a la tuberculosis. Esto no es ninguna broma, sino más bien, una
realidad que cada vez va a estar más presente en nuestra sociedad.
A
dónde quiero llegar con lo anterior es que, si se ha podido hacer con vacas,
peces, cerdos, mosquitos, etc., ¿por qué no hacerlo con humanos; para hacernos
más fuertes, más altos, más guapos e incluso, menos vulnerables a las enfermedades?
La ciencia lo tiene claro, SE PUEDE.
La pregunta es: ¿Debemos?

